La cárcel es circo y teatro a la vez. Escenario para la exhibición y representación del lenguaje y la simbología del poder y del saber. Lugar apropiado para especular sobre el progreso del derecho a castigar. Institución de control total en donde las dos violencias, legitima e ilegítima, —como compañeras cotidianas del tiempo discurrido— no parecen causar ningún temblor existencial. Espacio de sombras que forma parte del exterminio humano. Donde una de las proezas más significativas es —obviamente— pasar la prueba de la sobrevivencia.
La cárcel es dominio y discurso. Poder que resume, como si fuera un disparo exacto, la concepción que de la restricción extrema de la libertad tiene la sociedad que está afuera. Aunque la cárcel sea sinónimo de opresión, su antónimo, libertad, no puede ser una evocación nostálgica. Un discurso que desde sus primeras huellas ha debido ser político. No por imposición, sino por convicción. Su adjetivación probaría el temple de los hilos discursivos históricos hasta llegar a la contemporaneidad y admitir que en la cárcel —sin vivir ningún sueño primaveral-, siguen palpitando la libertad, el individuo y la sociedad.
La cárcel es hombre y tiempo. Personas que ingresan con la cabeza gacha. Que una vez traspasadas las rejas hacia el interior del recinto carcelario cargan, en su cuerpo, un peso social y legal tan fuerte que no les permite ver las estrellas del cielo. El aliento es que, a su lado, hay voces que —de pie y firmes— les anuncian que los años de estancia, sea por permanencia preventiva o por condena, puedan recortarse o redimirse para que sus vidas puedan reencontrar el paraíso perdido. Voces que tienen libreto. Códigos y leyes. Proyectos y programas. Pero, al final casi todo se desvanece. Los horizontes se eclipsan. Los objetivos quedan temblando. Las verdades se convierten en mentiras que indignan.
La cárcel es noticia y manipulación. Ocupa la página de sucesos de cualquier periódico en el mundo. La cárcel es un nombre del cual se hacen eco los noticieros televisivos y radiales con palabras transidas de dolor verdadero y no de alegrías contagiosas. De donde salen idas poderosa voz sordinada para no afectar el tímpano del público oyente. Palabras que no las ordena la imaginación sino la realidad, aunque esta manipulada.
* Publicado en 80 Cuartillas Punitivas, obra del mismo autor y editado por el Grupo Editorial Ibañez, Bogotá, 2023.