Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

Palabras pronunciadas por Eloy Rutman*

*En la Universidad Arturo Michelena (Valencia, Venezuela) con motivo del Día del Abogado, 2023.

I

Me agrada volver y desandar los recuerdos en esta Universidad, donde en la cincuentena fui llamado por la voluntad de su fundador, mi hermano Giovanni Nani, para que conviviera en los primeros pasos de esta Casa de Estudio. Aquí, en estas aulas que perviven en mi memoria, están grabados esos pasos que diera en el primer año de la carrera, de la propia fundación, curso nocturno, junto con otros cinco profesores jubilados de la Universidad de Carabobo, quienes junto a mi eximio maestro Joaquín Alvarado, a la sazón el Decano primigenio, comenzamos una aventura académica cobijados en la espesura de esta montaña, que en los atardeceres fulminaban la imaginación y un breve y tierno murmullo de arroyo cercano, convertía el acto docente en un presagio para la creación, para el desafío intelectual y para la elevación temprana. 

Fueron los años de la maduración, mezclado el intenso ejercicio profesional con los debates de las noches, donde una Sociología Constitucional, ciencia reservada a esos efectos y a estos nobles contradictorios, se contrastaba el nacimiento del principio, su positivación, con la eficacia de la norma. Viene al vuelo de la mente, la clase que sucedió al golpe del 11 de abril de 2002, donde manos alzadas, ya atizadas por lo sucedido y la dinámica de la clase, se debatían entre la justicia y la legalidad de aquel evento. Esa generación primigenia de estudiantes fue de una altura atípica en nuestra experiencia, donde la clase era un acto de creación de conocimiento, un reto que se asumía en conjunción con profesionales de otras ramas, con rango y altura, que configuraban un cuadro eterno, que seguramente lleva cada uno de los actores en la profundidad de su memoria. 

Los de esta estirpe relatada, son abogados, los presentes en su mayoría, unos, otros docentes y autoridades con tino de esta Facultad. El tiempo ha permitido con la providencia, que me encuentre con ellos desde otrora, en la Universidad Pública, en luchas que en su casi totalidad fueron comunes y dejaron frescura en el alma. La vida me ha permitido también, encontrarme con los hijos de Giovanni, en ejercicio legítimo de su recuerdo y de su autoridad, luchando como titanes para que esta Institución siga representando su hechura. De alguna manera estamos los de ayer, los de hoy y los de siempre, elaborando continuamente una esperanza para los que vienen y sembrando conciencia en la juventud que cree en el país. 

II

Vivimos un tiempo de reflexión, algunos dicen que no es una era de cambios sino un cambio de era. Desde Aristóteles, en el mundo occidental, pasando por el pensamiento de Maquiavelo, quien fue un especial republicano, hasta  el cisma religioso que originó Lutero con el protestantismo, derivando a Inglaterra en momentos de Enrique VIII, a quien le negaron el divorcio con Catalina de Aragón, originando una crisis de grandes proporciones por la sucesión, la guerra siempre estuvo presente entre los hombres y ni siquiera Ana Bolena pudo resistir con su descendencia el estado de desorden por la terrible confrontación de creencias. En este escenario aparece otro pensador que observa un estado anormal de naturaleza y se crea el Leviatán, que propone al Estado fuerte como solución y el ejercicio de su poder de la manera más coercitiva para imponer el orden que los hombres han pactado. 

Más tarde, John Locke y los pensadores del siglo XVIII conciben una visión de Estado apartado de la Monarquía, hay toma de la Bastilla, guillotina en la Concordia y aparece un sistema teórico de pesos y contrapesos en la vida del Estado y pensadores como Rousseau, Montesquieu y Voltaire, alentados por el Marqués de Beccaria en el caso penal, declaran los derechos del hombre. En el siglo XIX,  Napoleón se corona como emperador, y tiembla el ciclo de la otra utopía. 

En ese mismo centenio, alentados por las proclamas del movimiento revolucionario francés y por sus propias consideraciones, Andrés Bello, Cristóbal Mendoza, Juan Germán Roscio, Simón Rodríguez, Miguel José Sanz y otros intelectuales venezolanos, siembran la semilla de libertad ante el colonialismo imperante. Vienen los sucesos del 19 de abril y se proclama la independencia el 5 de julio de 1811, siendo elegido el abogado Mendoza, como primer presidente del triunvirato de la primera República. 

Decenas de abogados mueren en la cruenta batalla o son detenidos y fallecen prisioneros, como el precursor Miranda, pues lanza y ley se fundieron en una pelea difícil hasta logar la libertad. Viene la separación en 1830 y termina un siglo XIX plagado de conflictos y de divisiones, que seguramente hubiesen animado al Leviatán de nuevo o a otros ciudadanos como Laureano Vallenilla Lanz, quien publicara a comienzos del siglo XX, “el gendarme necesario”. ¿Fue la pluma de Vallenilla Lanz la resurrección de Hobbes? 

Mientras pasa el siglo XIX viene el vapor y el tren, la primera revolución industrial, todo un evento para las ciencias duras y para el Derecho, las obligaciones, los contratos internacionales, los trabajadores del Tren Alemán, cuya estación valenciana estaba cerca del Puente Morillo, en San Blas, o los del Tren Inglés, en donde funciona el Rectorado de la Universidad de Carabobo. El país se endeuda con las potencias del momento y hay un cerco contra Venezuela de barcos alemanes e ingleses, entre otros, en el Gobierno del Presidente Castro. Intermedia Estados Unidos y se aplica la llamada doctrina Drago, de origen argentino en la solución pacífica del conflicto. 

III 

Viene la segunda revolución industrial y aparece el automóvil y el avión, más trabajo para los pensa de las ciencias duras y para el Derecho, que tendrá que construir con su trabajo y el de sus juristas el Derecho Aeronaútico y Espacial, se amplía el sistema internacional y el contractual. Con ella aparece el primer pozo petrolero y el país comienza un nuevo proceso económico que apareja otros cambios en la Ingeniería e igualmente en el Derecho, que tendrá que elaborar una nueva normativa que rija las relaciones que genera esta nueva actividad nacional, que nadie sabe hasta el día de hoy si fue un recordatorio del mito de Prometeo y su Caja de Pandora o un encuentro con una realidad que aún no la hemos podido encauzar hasta su siembra, como lo expresara un escritor venezolano del siglo XX: “sembrar el petróleo”. 

Mientras pasan dos guerras mundiales, el mundo previsto por el Leviatán sigue su curso, al igual que el proceso de una ciencia destructiva, la atómica, devasta dos ciudades japonesas; los llamados aliados, triunfadores de la segunda guerra, se dividen y comienza la guerra fría, mientras la automatización y la tecnología de la información barruntan la tercera ola industrial. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, sigue siendo hoy una motivación exagerada de unos emocionados ilusionistas de 1945, que creyeron que el mundo había encontrado su rumbo definitivo. Muy humanista, pero poco universal. En uno y otro lado del mundo, se produjeron guerras intestinas de los dos bloques, ante la mirada incipiente y poco efectiva de los organismos internacionales. 

IV

A finales de los ochenta, cae el muro de Berlín y comienza el resquebrajamiento de la Unión Soviética. Un filósofo norteamericano escribe sobre el fin de la historia y el camino indetenible del capitalismo ortodoxo. Son momentos en los cuales comienza un proceso de globalización mundial, mientras el internet, la robótica y los nuevos adelantos de la ciencia, anuncian la cuarta ola de la industrialización. Como la naturaleza humana sigue indemne, aparece la criminalidad informática y el crimen transnacional, como nuevo espectro del mismo hombre, mientras la rueda de la historia sigue creciendo en un conocimiento que traspasa la imaginación. El siglo XXI comienza con el choque de aviones en el centro financiero más importante del mundo occidental, destruyendo vidas y edificaciones en un golpe que encamina a demostrar con crueldad que no estamos solos en esta región, que existen otros pueblos con graves problemas y que no podemos encasillar los caminos con trajes a la medida de conveniencias y de pasiones erradas. La guerra sigue luego y está aquí con la incertidumbre de su final, sin que haya un pegamento ciudadano que pueda insertar al hombre hacia sus verdaderos valores, que el mundo ha positivizado en declaraciones de papel, sin que haya posibilidad de su cumplimiento. 

Hace dos años, en una declaración conjunta de Rusia y China, plantearon el tema de la multipolaridad y algunos países de Latinoamérica tienen esa línea en nuevas relaciones con esas potencias. La nueva ruta de la seda, que recoge el pensamiento milenario del Oriente es otro proyecto para crear un polo de desarrollo que permita equilibrar la economía mundial. Así se está escribiendo. 

Nadie puede saber con exactitud donde se encuentra la verdad. Hay un impacto de la desinformación en la era digital. Alguien ha dicho que las opiniones son libres, pero los hechos sagrados, para afirmar la necesidad de tener certeza de lo que ocurre. En tanto, vivimos momentos difíciles de polarización en todos lados del mundo, argumentos hacia una negación incondicional y visceral y a una indulgencia con complacencia ante las señales evidentes de peligro. La ciencia y sus adelantos, que en materia de biomédica se ha señalado de envergadura, a través de la inteligencia artificial, no ha tenido articulación con el rumbo de la humanidad, que marcha inocente de sus logros positivos e ignora palmariamente de los peligros de este otro mito de Prometeo que nos auguran algunos. 

V

Como anotara Roberto Carneiro, de la Universidad Católica portuguesa y de la UNESCO,  el cultivo pertinente del homo sapiens, señala el camino del futuro, con base a una cultura de la interpretación y creación de significados. Alejado del homus conectus, el prisionero de las redes, o del homus economicus, que rige con nuestro pesar las pantallas y los vitrales de los campos de concentración financiero del mundo, donde duendes envueltos en un dispositivo adosado a su nuevo episteme, se mueven en el espejismo bursátil como asiento de sus haceres, especie que se repite bajo un patrón de conducta que tiene a la moneda, como norte de su actuación, por encima de los valores esenciales de la humanidad, de la solidaridad y de una concepción ética del trabajo. 

En una nueva ideología del aprendizaje, sugiere el autor, aprender a ser, aprender a conocer, aprender a hacer y aprender a vivir juntos. El aprendizaje, escribe el intelectual, debe ser un ejercicio para toda la vida, de carácter inclusivo, con estudios posteriores después de la escolarización obligatoria y el vacío entre el sistema educativo y quienes proporcionan empleo. Por ello en el plan de formación de un jurista, la enseñanza plural debe comprender aquella que desarrolle sus potencialidades como persona humana, que forma parte de un colectivo indistinto que necesita de su acercamiento y respeto, con las consideraciones fundamentales de los principios del Derecho, como fuente transversal de sus ramas, la práctica forense, por encima de sus dificultades y el sentido de la horizontalidad de sus congéneres en un hito que apenas debe comenzar, porque creo con el autor que eso va para toda la vida. Que la historia, para no repetir los errores, y una literatura para juristas, desde las bases mismas de sus grandes autores venezolanos, deben completar las bases del abogado que deseamos enfrente los retos de la nueva era. La enseñanza presencial debe presidir la evaluación, entendida como un intercambio de saberes. La popular enseñanza bajo el nuevo sistema, ha traído contratiempos en los verdaderos fines educativos y aunque es evidente alguna necesidad que se entiende, hay fases en las cuales el cara a cara presume un acto de responsabilidad dual, que nunca se puede obviar en ninguna fase de la formación. Como anotara Alain Touraine, sociólogo eminente recientemente fallecido, hay un mundo cambiante y abierto, donde son menos fuertes los controles institucionales, religiosos y culturales y mayor es la tendencia hacia la combinación de diversos tipos de desigualdad. Lo que cuenta, escribe, no es el universalismo, sino la combinación con las tradiciones y la memoria cultural, en un sentido de entender que quizás ver al mundo de acuerdo a unos patrones que signaron la filosofía de un tiempo ido, es una visión parcial si se ignora la tradición y la sociología de los pueblos. 

VI

Quizás todo esto sea la afirmación de haberse cerrado el círculo de las utopías del pasado, para dar origen a otras que mueven el presente, pero que no dejan de ser o mutaciones de las anteriores o engendro del mismo calibre, que genera las ilusiones y las esperanzas. 

Ahora, como diría Jean Baudrillard, vivimos un exceso de realidad virtual, conexión, información, que puede convertir lo real en una función inútil. 

La posibilidad que todo esté al alcance sin la presencia física del cuerpo, pudiera, opina el citado, convertir el sexo en otra función inútil.  ¿Pudiera sustituir el pensamiento, ocupar su lugar? ¿Seremos pronto, una reserva de la realidad? ¿Está la especie buscando su propio doble perfecto? ¿Su propia desaparición? 

La búsqueda de la perfección, si no es cruel, es extremadamente peligrosa, concluye. 

¿Mientras la industria farmacéutica detiene su rumbo, al ignorar hacia dónde va la vida, no es acaso el tiempo de repensar las ciencias humanísticas para ponerlas a tono de lo que viene, o estaremos condenados a repetir, con otro ropaje, las viejas utopías? 

VII

Ese es el reto del Sur, de la América del Sur, de construir, analizar, reflexionar. Estamos en un laberinto borgiano, en un cruce de caminos. Yo soy el mismo que me veo en el espejo, no deseo que me clonen, ni que mis escritos sean redactados por el GPT, quiero morir como murieron los que me precedieron, no deseo la inmortalidad sino la memoria de lo poco que hice, que fui yo mismo el que elaboró sus deseos e invenciones, que no soy inmutable, que siento la alegría que tenía en la reserva secreta de mi vida cuando beso a mi nieta, que soy heterosexual, pero no me importa, que he amado, que me ha palpitado el corazón, confieso que he vivido como diría Pablo Neruda, que no quiero ser el otro, tropezarme con las piedras del camino.  En fin, soy abogado hace casi cincuenta años,  orgulloso haber escogido esta carrera, que leo y escribo, y muy complacido  de estar en  esta Universidad de todos los recuerdos, donde aún quiero permanecer para florecer yo mismo, para darme mi propia germinación, para caminar de nuevo cerca de aquel arroyo y recordar los atardeceres que me dieron la otra vida, la de quedarme para siempre con ustedes. 

Comparte:

WhatsApp
Facebook
Twitter
LinkedIn

Deja una respuesta

Debes estar para publicar un comentario